Mujer que inspira

Por: Vivi Flores

Como mujeres que somos, siempre queremos llegar a ser todo lo que Dios ha determinado para cada una. Siempre desde niñas hemos soñado con la clase de persona en la que nos convertiríamos cuando fuéramos adultas. Yo, por ejemplo, siempre tuve el sueño de convertirme en una gran empresaria, de la clase de compañía en la que atendiera a muchas personas, de alguna manera lo logré trabajando en eventos corporativos. Cuando me trasladé a Estados Unidos, tuve el inmenso privilegio de servir a Dios con mi esposo y ahora con mi familia; juntos brindamos nuestro amor a muchas personas. El escuchar a Dios para agudizar mis sueños me ha llevado por un camino muy enriquecedor de conocerle más profundamente y de buscarle con fe con el fin de entender mejor Sus propósitos y caminos para mi vida.

Me siento profundamente inspirada por la vida de Débora, una mujer de valor,  una voz profética y un corazón de madre. Ella fue una mujer que se levantó en medio de tiempos muy retadores, cuando el pueblo de Israel se encontraba oprimido y sin dirección. Su vida nos inspira aún hoy a nosotras, mujeres del siglo XXI, a vivir con propósito, valentía y fe.

En una cultura donde los hombres predominaban en los puestos de liderazgo, Débora brillaba con una sabiduría que no venía de sí misma, sino de su obediencia y comunión con Dios. Ella, dice la Biblia, solía sentarse bajo la «Palmera de Débora», y allí el pueblo venía a ella para recibir justicia y dirección (Jueces 4:5).

Por ser tan sensible a la voz de Dios, fue usada como instrumento divino para levantar al ejército de Israel y llevar al pueblo a la victoria. Pero uno de los aspectos más hermosos de su vida es cómo se describió a sí misma: «Me levanté como madre en Israel» (Jueces 5:7). Débora no lideró con arrogancia ni con imposición, sino con corazón maternal, guiando con ternura y a la vez con firmeza, protegiendo, intercediendo y cuidando al pueblo como si fueran sus propios hijos.

Cuando de parte de Dios llamó a Barac, el comandante del ejército, y le dijo que Dios lo enviaba a la batalla, éste respondió: «Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré». (Jueces 4:8). No era el temor lo que movió a Barac a responder así, sino la confianza en que donde estaba Débora, estaba la presencia de Dios. La valentía de Débora no era ausencia de temor, sino una decisión consciente de creer en el poder de Dios, quien la llamó por encima de las circunstancias.

Mi querida mujer virtuosa, tal vez tú no lideras un ejército, pero como yo, sí libras batallas  todos los días: en tu hogar, en tu trabajo, en tu iglesia, en tu corazón, en tus relaciones. Quizás pienses a veces que otros podrían hacerlo mejor… pero recuerda esto: Dios se agrada de mujeres como Débora, dispuestas a escuchar Su voz y caminar en obediencia a Su dirección.

No necesitas tener todas las respuestas, tan solo decir: “Aquí estoy, Señor, úsame”. Sé una voz de sabiduría con un corazón maternal. Lidera desde donde estás: desde la cocina, el aula, la oficina o tu comunidad. Tu influencia es poderosa cuando viene de un espíritu lleno de Dios.

Mi oración para ti es: Señor, ayúdame a ser una mujer que escuche tu voz, que se levante con valor y que influya con amor. Hazme una mujer virtuosa, no por mi fuerza, sino por tu presencia en mí. Amén.

Mira artículo relacionado Vestidas de luz

Comparte en las redes

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Scroll to Top