Fe, números y coraje para empezar de nuevo
Por: Marle Gonzalez
A Ada Ordóñez la vida la empujó a empezar de cero más de una vez. Nació en El Salvador el mismo año en que las calles se incendiaban por la guerra. En 1987, su padre emigró a Estados Unidos y, gracias a la amnistía de Ronald Reagan, inició un proceso que tardó siete años en reunir a la familia en Georgia. Ada tenía 14 años cuando llegó: un país frío, vecinos invisibles, una escuela en inglés y una adolescente que escondía el miedo detrás de una sonrisa.
“Dejé mi escuela, mis amigas, mi clima, mi comida… todo. Pero estaba con mi mamá, mis hermanos y al fin con mi papá. Eso me dio fuerzas”, recuerda.
De ama de casa a la contadora de su casa… y de su comunidad
Se casó joven, a los 18, y fue mamá a los 19. Mientras su esposo crecía con su negocio de jardinería, Ada descubrió—casi por necesidad—que tenía talento para los números. Un tío que hacía impuestos en Norcross le enseñó lo básico y, al año siguiente, ella ya llevaba las cuentas de la empresa familiar. Le faltaban herramientas formales, así que se inscribió en Gwinnett Tech “para unas clases de Word y Excel”… y se enamoró de la contabilidad.
“Le agarré cariño al estudio y a los números. Llegué más grande que muchos compañeros y valoré cada oportunidad que Dios me estaba dando”, dice. Certificados, un Associate Degree y la certeza de que iba por buen camino.
Luego llegó la recesión. Su esposo se quedó sin trabajo, pero Ada recibió dos ofertas: un banco a $23/hora o una firma contable a $10.50. Eligió la segunda. “Yo quería experiencia de contadora. Trabajé de lunes a domingo, de 7 a 7. Al poco tiempo vieron mi desempeño y subieron mi salario. Aprendí todo.”
Con bases sólidas, dio el salto: abrió su propia oficina en Buford Highway mientras retomaba la universidad. No fue lineal: “Como mujer, llevamos muchos roles—madre, esposa, estudiante, empresaria—y encontrar equilibrio me costó lágrimas”, confiesa. Cuando la carga fue demasiada, cerró la oficina por un tiempo para terminar su carrera y atendió a sus clientes desde casa. Varios de ellos—desde inicios de los 2000—nunca se fueron. “Siempre les digo: gracias por creer en mí cuando apenas comenzaba.”
Un golpe que no derriba: cáncer y propósito
En 2017 reabrió su oficina… y, dos semanas después, recibió una llamada que le cambió la vida: cáncer de mama. “Hay palabras que no entiendes hasta que te tocan: remisión, quimioterapia, catéter… No había día que no llorara. Pero levantarme, manejar 45 minutos, entrar a la oficina y ser útil, me sostuvo. Dios me sostuvo.”
Entre tratamientos, cirugías y un catéter que le marcó la piel y el alma, Ada encontró una red de apoyo en su iglesia, amigas que le limpiaron la casa, recogieron a sus hijas, acompañaron a su esposo. “Estoy en deuda con Dios y con la gente. Todo lo que me han dado, lo devuelvo.”
Esa promesa se refleja en su forma de trabajar: “A mis clientes no solo les hago los taxes; me siento con ellos, les explico por qué una LLC, cómo planear, a quién llamar. Les comparto mi ‘network’. Me importa que crezcan.”
ADCO: un nombre corto, una visión larga
Su empresa, ADCO, nació de una idea simple: que el nombre representara a un equipo, no solo a “Ada”. “Si usaba ‘Adas Taxes’, todos iban a buscar a Ada. ADCO soy yo, pero también quienes trabajan conmigo y los que vendrán”, explica. Hoy sueña con renovar la oficina, contratar más gente y abrir una segunda sede—posiblemente en Gainesville—para atender a una comunidad que, entre incertidumbres migratorias y económicas, necesita orientación confiable.
Fe, identidad y un mensaje a las mujeres
Si algo sostiene a Ada es su espiritualidad: “Yo no estaría donde estoy si no fuera por Dios. El único perfecto es Jesús; yo camino de su mano.” Y con esa misma honestidad, invita a las mujeres a reconocer sus múltiples papeles sin culpas paralizantes: “Podemos con mucho—y con más—pero de la mano de Dios. Cuando toque dar un paso atrás para tomar impulso, se vale.”
A sus hijas les repite una lección que también se dirige a nuestra comunidad: no te quedes en la culpa; enfócate en soluciones. “Con todo lo que Dios ya te dio, ¿qué vas a hacer ahora?”
Ada Ordoñez no es solo una historia de superación; es la prueba de que la fe, el estudio y el servicio pueden convertir las pruebas en plataforma. Donde otros ven una pared, ella ve una puerta por abrir—y una mano que tiende para que más mujeres crucen con ella.
Photoshoot credit:
Fotógrafo : Carlos Rivero @carlosarivero
Hair y Make Up : Marian Clavel @marianclavelmua




